miércoles, 31 de octubre de 2018

Y ME VISITÓ EL VAMPIRO


Mi camino por el sendero hermoso de siempre se hizo diferente, pues el día cambió sus olores y sus sabores, y especialmente sus colores, al ceder el sol con premura su lugar a una noche espesa y negra, húmeda y fría, como ninguna otra parecida se haya visto antes.

Y entre las sombras apareció él, decidido seguramente a extraer con sus colmillos la sangre de mi cuerpo, tarea fácil pues me encontraba yo sin protección alguna. Al acercarse más y más, me sorprendió que ese oscuro príncipe de Valaquia, vecino de Transilvania, fuera de tan baja estatura, y que en vez de sus colmillos expuestos tuviera unos pequeñísimos dientecitos como recién estrenados, y que su rojiza y alborotada cabellera contrastara con el aceitoso peinado que siempre creí que llevaba tan horrendo personaje.

Pero no me quedó duda alguna de que se trataba del conde Drácula cuando me habló, pues creí que lo hacía en Rumano: pa, pa, dita, pric a da di, entre lo muy poco que pude comprender. Ya casi junto a mí, me preparé con resignación para el ataque final, y la horrible y dolorosa mordedura en mi indefenso y viejo cuello, de parte de ese humano vampiro. Y ocurrió lo esperado, lo inevitable. Un estrecho abrazo de noche de brujas entre un abuelo disfrazado de emoción y un nieto recolector de dulces, mi pequeño Draculita, que succionó mi corazón.

Jorge Alberto Velásquez Peláez

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