miércoles, 10 de octubre de 2018

EL VIEJO RABO VERDE


¡Es un viejo rabo verde!
A los setenta el señor
se siente aún seductor.
¡Hasta la vergüenza pierde!

De elegancia así se presta
un anciano en una fiesta,
desviando a veces su vista
hacia su nueva conquista
que está sentada en su mesa
y será su nueva presa.
Sí, su mirada está en ella
prendida, ¡hasta destella!
Miles de mañas yo veo
para lograr su deseo
de llamar ya su atención
y entablar conversación…
Una vez que lo ha logrado
se voltea hacia su lado
y su actuación sofistica
mientras con ella platica.
Y se esmera en atenciones.
Seguía bien sus lecciones…
Conmigo quizás concuerde:
¡Es un viejo rabo verde!

Mas, luego veo el estado
confuso, en que se ha quedado.
porque esa su amena charla
tiene él ya que cesarla.
Que no tenía sentido,
lo había así intuido,
porque cuenta ya se ha dado
que ella sigue a su lado,
para no ser descortés,
mas de él perdió interés.
Ya no le pone atención
si es otra ya su atracción.
Que le han brillado sus ojos,
Que la envuelven mil antojos
no por él sino por otro
por ese muy joven potro.
Como pueden ver ahora
Su orgullo se lo perfora…
Quiso ser cautivador
a los setenta el señor.

Mira a su rival con pena:
Luce una espesa melena.
De aquel cuerpo ni se diga
tan esbelto, sin barriga.
Y de esos ojos tan bellos
que vierten ciertos destellos…
No son ojos que una bolsa
por completo los embolsa
y muy apenas se ven…
Y en su cara no son cien
las arrugas, sino alguna
que sombra en él no es ninguna
si lo hace verse atractivo
más gallardo, más altivo.
Mira a ese joven que en fin
con ella todo es afín.
Decepción del pobre anciano
todo su esfuerzo fue en vano…
Pobre viejo. ¡Qué horror!
Se siente aún seductor.

Hoy espero que este aviso
lo lleve a pisar el piso.
Que se baje de la nube
que a cada rato se sube.
Que ya por fin se dé cuenta
que su edad marca el setenta.
Que de una joven mujer
atención ha de tener
quizás por unos segundos
por amable, más sus mundos,
que entienda, son diferentes,
son muy distintas sus mentes,
y que a su mismo compás
bailar no podrá jamás,
si para nada lo entona
si a su nivel no funciona.
Que descobije su espejo.
Se de cuenta que ya es viejo...
La verdad que un rabo verde
¡hasta la vergüenza pierde!

María Adelina García Corea 

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