Desde el vacío de la memoria,
con un cerebro que vive ausente.
Caminamos buscando la historia,
que nos hizo ser tan diferentes.
Envejecemos yendo a la gloria,
olvidando la huella de enfrente.
Siendo propia la vanagloria,
construida sin recipiente.
No sabemos que fue de la hora,
del segundo que no está en mente.
Dado que triste es ya la memoria,
perdida en la arena fríamente.
Fuimos colosales en noria,
girando en ascenso de muerte.
Dejando tras paso que se borra,
aire de un adiós sonriente.
Desde el vacío de la memoria,
el Alzheimer nos hace ausentes.
Sin conciencia de que nos brotan,
flores que mueren vagamente.
La demencia senil mortuoria,
de un existir convaleciente.
Es como irnos sin ver la victoria,
de lo conseguido humanamente.
La edad de una mente migratoria,
emigra con la vejez sin mente.
Volando al exilio de su historia,
para esperarnos tras el puente.
Ricardo Campos Urbaneja.
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