A Eva L.L. que sembró la idea
y aportó alegría a mi vida.
Ella quería ser princesa
pero, visto de cerca,
el palacio no era de cristal
sino de frío acero.
Y los invisibles barrotes
fueron deformando su rostro
-un rostro antaño dulce-
hasta transformarlo en una máscara,
una máscara de plástico
diseñada para un mundo de plástico
donde sólo es real el desencanto.
De libro Por si mañana no amanece de
Sergio Borao Llop
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