De escarlata me vestí para mi señor y mi corazón sucumbió en el infierno que me calcinaba
con lenguas de fuego… Lo invité a recorrer los perdidos laberintos de mi cuerpo, escudriñando y saciando la sed de mis entrañas.
Y él me dio a beber pasión y desenfreno de su copa, saboreando sorbo a sorbo elixires
de amor y lujuria, embelesándome con húmedas caricias y su antojo voraz, embriagándome en el néctar divino de sus besos.
Y se quedó en el tiempo como idilio roto en alas del recuerdo.
Deseo con anhelante espera visite de nuevo mi aposento… Mi lecho se encuentra tibio todavía esperando ser el fiel testigo de nuestra locura.
Añorante espero las embestidas de su placer.
¿Qué desea de su sierva mi señor?
Si en el fango de las pasiones con fragantes rosas hace de esta mujer su cortesana, sumisa, desbordante en inquietud… esperando empañar las ventanas de mi alcoba,
rompiendo con ecos el silencio de la noche, envueltos entre sábanas de seda…
¡Oh, cuánto lo anhelo señor mío!
Espero estos candentes versos lleguen hasta las grietas de su corazón ingrato robándole consuelo hasta darse cuenta estoy entregándole en pedazos mi alma entera.
Paola Acosta
No hay comentarios:
Publicar un comentario