La quietud estalla
mientras un poeta finge un orgasmo
con letras de pan.
Borbotean renglones que nos miran
por encima del hombro
como un miedo de infancia.
Dejemos hablar al poeta
y que su lengua viperina
nos bien diga y nos invada.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
No hay comentarios:
Publicar un comentario