Prendida en las sombras de la aurora
agitan las tinieblas.
La ira ondula sobre un pergamino de llanto
y desde el ínfimo albor de sus candiles
la golpea.
Fuego iracundo de alma
contra la integridad de su esencia .
Enclaustrada en sus propios escollos
la cólera invidente
remonta la expectación de su mundo
desde un ojo purpúreo en la tiniebla
que suele ser un grito de la noche
a expensas de un cobarde
que deja caer su sombra
sobre la luz del sosiego.
Se esparce en dobleces e injusticias
mientras ella oculta
su contusión de ojos y purpúreo silencio.
Andrea Álvarez (Venezuela)
Publicado en Los puños de la paloma
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