ROMANZA TROTES DE MEDIODÍA
Cuando ronda el mediodía
y el sol está de sombrero,
una bella drogadicta,
va a por consuelo cañero*.
Los ojos lleva muy abiertos,
la boca, seca y afuera
y el corazón se le sale,
al filo de su pechera.
Trenza su recuerdo amargo,
al hilo de su carrera,
enfilando su desdicha
al son de una marcha fiera.
Recuerda niñez bravía,
recuerda sueños de penas,
alberga mala familia,
quince años de condena.
Con un padre violador,
madre borracha y artera,
los hermanos pendencieros,
siempre va el llanto a la vera.
Un día una mala piedra,
hará su paso torcido,
y la “poli” acabará,
lo que ya está decidido.
Al rozar el mediodía,
una flor en la cuneta,
se alimentará de sangre,
joven sangre con anfeta.
VINIERON
Luego vinieron a convencerme
de que la luz era oscuridad,
de que la noche era mañana,
de que el fin del mundo
estaba lejos...
Luego me vistieron con sus ropajes,
con sus inclemencias,
con sus descabellados planes
de buscar en mis bolsillos
la funda de sus recuerdos...
Luego me buscaron
entre la vida de los desertores,
entre las ventanas del convento,
en el paño de lágrimas
de esa verdad escondida...
Luego me sacaron del camino
y me taparon los ojos
con sus pálidas vergüenzas...
Julio G. del Río (Valencia, España)
No hay comentarios:
Publicar un comentario