No en los ríos sexuales de la noche.
No en esta torpe ciénaga de ojos.
No en la prisión de sangre en que callamos.
No en este mundo. No. Ni en esta vida.
Aquí seremos nada más que un sueño
mutilado, extranjero y disidente
diluyéndose a tiempo en el olvido
-esa región azul y sin fatigas.
Porque aquí los apóstoles del llanto
celebran sus eclipses perentorios
y el deseo es un duro silogismo
y el amor una cárcel, todavía.
Pero imagino un día sin mordazas
todo lleno de pájaros veniales,
un día unánime que nos incluya
en su gesto de blancas amnistías.
Allí y entonces estará de nuevo
mi corazón, de pie y apacentado,
y al verte abrirá su pecho diurno
y te dará, por fin, la bienvenida.
ARIEL GIACARDI (Santa Fe-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 100
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