La vida de un hombre es pura contingencia. Así lo dijo mientras apuraba su copa de vino y pedía otra al camarero. Prosiguió:
- Si todo lo contingente es posible, el hombre es posible. Lo imposible, ni es contingente ni necesario. Por lo tanto, la necesidad puede ser posible pero nunca contingente. Si el hombre es contingente, no puede ser necesario. Ni siquiera sus necesidades, siendo posibles, pueden ser contingentes. Entonces, pregunto, ¿por qué el hombre tiende hacia lo imposible, cuando lo imposible no es ni necesario ni contingente?
Los aplausos no se hicieron esperar y muchos de los parroquianos se levantaron emocionados. Inmediatamente después el camarero anunció que con aquella intervención se daba por finalizada la copa de filosofía y que seguidamente se serviría la copa lírica.
- ¿Para cuándo la copa teológica?
- ¿Y la copa cuántica? – gritaron casi a la par desde el fondo del salón.
- Todo llegará, todo llegará –repitió el camarero con gesto cansino.
ISIDORO IRROCA
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