jueves, 26 de marzo de 2015

VIEJO ÁRBOL DE RETAMAR


Empiezo a mirarte con los ojos del alma
ya que mis ojos verdaderos pronto no te verán más.
Tan alto, tan fuerte, tan bello.
Naturaleza en toda su ostentación.
Te han convertido en una amenaza para la sociedad.
Todavía no ha llegado el día en que los humanos tu impresionante tronco talarán
y mi corazón ya está lleno de tristeza.
¿Dónde se perderá ahora mi mirada en las calurosas tardes de verano?
¿Dónde se mecerán ahora mis sueños
perdidos entre el suave balanceo de tus ramas?
Cercenarán también cada año de mi vida
en que fuimos creciendo juntos.
Al mirar tu esplendorosa copa creía por el cielo navegar.
Envuelta en tu dulce vaivén sentía mis miedos aplacar.
Tú sabías de mis tristezas y mis alegrías.
Tú arropabas en tu regazo mi soledad,
música celestial salía de tus hojas mecidas por el viento
impregnando de armonía las noches frías de invierno.
Tantos pájaros que se unían, en tus ramas, a esa dulce sinfonía
cuando tú faltes,
¿adónde irán?
Tú perderás la vida,
ellos perderán su hogar,
yo perderé un segmento de dicha que nunca volverá.
Dejarás en mí un vacío difícil de llenar,
opaca quedará mi mirada cuando intente tu belleza de mis recuerdos rescatar.
Adiós, viejo árbol,
adiós a ti que tanta paz a mi espíritu supiste dar.
¿Qué mal les hiciste
para que quieran de esta forma tu vida segar?

Lidia Prado (Almería)
Publicado en la revista Aldaba 25

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