sábado, 18 de mayo de 2013

UN POEMA POR HOY


Esos ríos calientes de tinta diluviados sobre las cabezas del pueblo,
son mi tristeza.
Esos brillos rojos en las pantallas que crucifican los ojos del pueblo,
es mi casa extraviada.
Esas injurias de fiesta en la boca de los pequeños verdugos,
es mi sollozo en la oscuridad.
Señores del despojo,
cuando liberan sus bombas envejecidas
con esa rabia silenciosa sobre los niños del pueblo,
señores del destierro,
cuando destilan su óxido decadente en la cara de las madres del pueblo,
graban mi cuerpo con sombras.
Vuelvan a su naufragio y lleven lejos su pequeño dictador en polvo
y sus babas decrépitas detrás del mar,
detrás del viento,
detrás de mi desprecio.
Regresen por donde vinieron con sus mastines endiablados,
sus cadenas, sus tiempos derribados, sus amargos anillos,
sus incendios de azufre.
Dejen solo al pueblo, déjenme solo a mi con los huesos solos
de mis padres y los sueños rotos de mi hermano,
dejen el futuro de nuestros niños sobre los libros del pueblo
dejen la piedra y el acero sobre la fábrica obrera
dejen la palabra robada en su lugar, que se azule lejos de su mirada negra,
la palabra limpia, la palabra del canto, la palabra del poema y del pan,
de la estrella y del hermano, también de la lágrima sola,
esa que emerge como una planta en la vigilia tenue, desmesurada,
como un arco iris.

DANIEL ARIAS
Publicado en la revista Movimiento Internacional de Mujeres

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