Fue un impetuoso abrazo
que acabó en un clímax breve
agitando sus respiraciones
hasta que todo fue tormenta
y el rayo y el trueno
preponderaron.
Después la lluvia trajo
un murmullo monótono
que les estremeció hasta arroparles
confundidos en dos bolas desmadejadas,
tan yertas sobre el lecho.
MANUEL JESÚS GONZÁLEZ CARRASCO
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