sábado, 18 de mayo de 2013

EN LUGAR DE ESPERANZA


Tras mis sueños de trastorno y
velocidad, me despierto con mil
alpargatas en los ojos, insólitas
huellas de arranque y distorsión,
como martillos indómitos de un
hierro etéreo, ante la vitrina
de mi factoría diurna.

Y cuando me levanto recojo los
fragmentos y hago bolas de legaña
de los vestigios de la noche para
guardarlas entre la munición
de mi defensa. Porque de día
todo es lobotomía y baba ante
la cinta transportadora de
ensamblaje donde trabajo.

Y cuando las piezas mecánicamente
las voy colocando el sedimento
me baja por las entrañas a los
pies y paulatinamente me convierto
en piedra. Me rasgo la cadera y
se me cae el serrín del bolsillo
y recuerdo vagamente los serruchos
y los mazos de las obras nocturnas,
ese otro espacio de traspasada
anarquía y posibilidad, lejos de allí.

Y el silbato suena para
mis quince minutos de descanso,
y entro en el baño, y suspiro,
y con mis puños de algodón voy
pegando las paredes. Pero no se
oyen mis colores de discordia
y protesta porque todo es gris,
y la maquiladora es potente.
Y respiro, y pienso en los
pertrechos guardados de mis
batallas y plataformas, pero
decido que todavía no es el
momento, como me pasa siempre.


Dean Simpson -Boston, EE.UU-
Publicado en la revista Arena y Cal 202




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