—Hoy día cualquier lengua puede aprenderse en una academia —aseguró mi interlocutor.
—No esté tan seguro —lo contradije. Y sacando mi lengua de cincuenta y dos centímetros en la que había hecho tatuar el Códice Hamkuraki, un manual de masturbación nepalés del siglo II, lo desafié—. Apréndase mi lengua.
Javier López & Sergio Gaut vel Hartman -Argentina-
Publicado en la revista Ficciones Argentinas
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