Acaso, yo podría decirte, amiga mía,
que los dioses no existen ni existieron,
simples hombres astutos construyeron
por la pira que en miedo sometía,
cada espacio implorante de tu día,
los santos y los diablos compusieron.
hacia un mundo falaz que condujeron
la tropa que en cordero convertía;
cada paso que dabas y que urgía
concurrir al recinto que imponía
usarte en su provecho como zuda;
y en este rol de hablarte en poesía,
te lo digo en rigor de cofradía,
que sigas con tu fe, si ello te ayuda.
Zuda: máquina con que se saca el agua
de mar para regar los campos
Del libro “Hebras de Plata” de RODOLFO LEIRO -ARGENTINA-
Publicado en la revista Estrellas Poéticas 52
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