Nubes, nubes.
Nubes.
Quiero sorber nubes
con los dedos marcados
de médula ósea.
Nubes de los espejos,
nubes de huecos nocivos,
nubes de la grasa de la ausencia.
Brilla triste el presidio,
como los socavones de la barrera de tus pechos.
Garantizo que las palmeras dalinianas
son las espera de la cara larga
a la entrada de tu cueva de origen,
son la puerta falsa de tus pestañas.
Preclaro sufrir
de las miradas de reojo
sobre el talento de Juno,
nubes de desidia y calostro.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
No hay comentarios:
Publicar un comentario