Vendimos los vientos del pueblo
por un puñado de ropa de marca.
Los bueyes son de cartón piedra
y esperanto.
En el parque de atracciones,
gritos temáticos trompetean las caras
como la falsa mugre dorada
apacienta legañas.
Si me muero,
que me entierren en sacos de harina
o en cubitos de Avecrem,
por entre los pasillos de un centro comercial
o junto a los expositores de pan de molde
o en las baldas de productos de peluquería.
Amen.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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