Este arbusto silencioso
que adentro se me expande
es inconmensurable gozo,
latiente inmensidad.
Sin cauce se derrama
como riadas
de blanquísimas luciérnagas,
como nacarada Sal
reverberando
en el rastro increíble de las olas
siguiendo a los albatros.
… Sin preguntarse,
lo mismo que al invocarte Amor,
mi ser no se pregunta,
el confín, el punto
donde la oscura puerta del Mar
se agotará.
Ana Patricia Santaella Pahlén. España
Publicado en la revista Oriflama 20
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