sábado, 18 de agosto de 2012

EL HUÉSPED


Llegó a mi vida por propia voluntad. Un día cualquiera, lo trajo un otoño melancólico.
Con amor repentino se enlazó como hiedra a la placidez hogareña y fue creciendo en agradecimiento y fiesta.
Tiene geniales intuiciones. Puede conocer una llamada mental y aparecer sin que lo nombren con atenta mirada suspensa.
Adora el jardín y acompaña mis vagabundeos pensativos. Se diría que es también poeta y entiende de ondas invisibles.
En señal de amistad, quiso siempre dormir cerca de mi habitación.
Silencioso, no molesta y me avisa si ronda algún fantasma. Sólo deja pasar a los arcángeles, porque como cualquier mortal, sabe soñar y respeta ensueños ajenos.
No se va nunca de mi casa y se diría que espera mi amistad, un futuro infinito, lo sabe claro, que detrás de cada puerta, el tiempo va dejando sus
finales.
Se atiene a su deber sin ostentaciones vanidosas ni estudiada modestia. A puro amor, sin saber que ama. A pura mansedumbre y fraternidad sabe acordar con el ritmo del universo.
Mi perro estás más cerca de Dios, que muchos humanos.
Agosto, 1988
El tiempo nos ha ganado con trampa mortal. Ya no hay ninguna puerta que abrir o que cerrar. Un día amargo, con señal luctuosa, el tiempo puso en la frente de mi amigo, un silencio final.
Ahora que ha muerto, mi perro, estará aún, más cerca d 12 de Agosto de 1999

Marta de Arévalo. Uruguay
Publicado en la revista Oriflama 17

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