Parus levantó el fúsil de precisión y apuntó. Todos concordaban en que había sido una locura enfrentarse a un modulo de combate con tan solo un arma de infantería, aun cuando estuviera equipada con impulsores de largo alcance y proyectiles implosivos de impacto severo, pero Parus no era famoso por escuchar consejos. Era soldado y ejército en uno solo, la vida y el destino de todo el Complejo Orbital de Nebula Troya dependía ahora de sus decisiones. Como en los viejos tiempos, “Mi mejor hombre contra el tuyo”; sin pérdidas de recursos, ni escombros, ni daños colaterales: una sola muerte. Inmensa responsabilidad para un soldado apostado en un asteroide esperando el ataque del mejor modulo de combate de Aquia: el Pelion-3, la mejor aleación, armas poderosas, invulnerable. Parus lo vio llegar rociando el asteroide con láser. Sintió el peso de todas las miradas que seguían el curso del combate desde panopantallas. Percibió la sonrisa de triunfo de los enemigos en sus acorazados. “La vida es tan larga como un suspiro” pensó cuando el módulo se lanzaba hacia su escondite apuntando sus armas. Fue un tiro limpio hacia la boca del cañón, el proyectil penetró hasta la zona de daño, el Pelion-3 estalló y desapareció en una burbuja eléctrica. Parus suspiró: “Así es la guerra”.
Fermín Gerardo Vega Boyce (Cuba)
Publicado en la revista digital Minatura 120
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