jueves, 16 de agosto de 2012

34


Pálida, doblemente triste,
acedo el salivar, perro el aliento,
así estaba ella entre los que ya no apuestan
e integran la fila de los cadáveres.

Hasta fingía una mirada inocente
mientras exhibía en el pecho la histórica
puñalada que acababan de inferirle.

Pronunció una mirada hacia mí
en demanda de salvación,
de modo que la tomé de un brazo
y hasta la puerta
la acompañé caballeroso.

No pude ir más allá con mi ternura
pues tuve que volverme diligente
para seguir cavando mi propia fosa.

Jorge Leonidas Escudero (de su libro “Los Grandes Jugadores”, El cero y 36 poemas vecinos, sin sello editorial, ciudad de San Juan, provincia de San Juan, la Argentina, 1987)

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