¡Es el momento!
Quiero atrapar el sol de la mañana.
Que duele en mis ojos belleza
tan extraña.
Qué no mitiga el dolor que corroe
mis entrañas.
Y sangran mis heridas
eclipsándose en lágrimas.
Su brillo efímero me trae primavera.
Con sus rayos teje mi sendero
de paz.
Los abrazos me alargan la vida
que se va.
Y mis brazos cansados sólo
quieren luchar.
La noche protectora cierra
las ventanas.
Danza la esperanza en un frío cristal.
Atraviésame el alma que
intenta volar.
Y ya todo es ausencia. Tristeza.
Oscuridad.
El tiempo al instante
de prisa se agiganta.
En mí se llama cáncer.
No detiene su marcha.
Hay quietud de sombras.
De flores deshojadas.
De un mundo siniestro que
asfixia mi garganta.
Mi pelo cae como cascada
embrujada.
La quimioterapia pasa. Mi vida
está condenada.
Acuden los recuerdos en siluetas
monstruosas.
Qué aprietan mis manos pálidas
y ansiosas.
Mis fuerzas se apagan. Mi lucha
se acaba.
El cielo se pinta en negra mortaja.
Lloro en silencio el por qué
de esta muerte temprana.
Crujen hojas secas en mis blancas
sábanas.
El día y la noche se confunden.
El dolor es intenso. Infinito.
Perverso.
Mi cuerpo frágil y flaco debilita
anhelos. Marchita sueños.
Mis labios enmudecen. En fractales
miró el universo.
El amor de mis afectos y el martirio
de mis yerros.
Dios. Ya no quiero sufrir.
Cierra mis ojos.
... ¡Es el momento!
Eduardo N. Romero -ARGENTINA-
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