En el Matagallar, la pobre burra vieja y ciega,
en una tarde sorda y polvorienta;
aquel pobre animal cumplía su penitencia...
suministrando agua al hortelano y su huerta.
Mientras las cigarras y el agua canta su copla plebeya
mientras el agua cae en la gran alberca;
el invento moruno de la noria lenta,
soñaba la pobre burra, aún despierta.
Con grandes prados de fresca hierba,
con una gran manada y ella la reina;
¡pobre burra vieja!
como estaría ya:-que mal andaba su pobre cabeza.
Al compás de la noria la tarde caía lenta y serena
llega la noche al fin a consolar su pena;
alguien la arreaba desde la huerta,
con que cariño la recuerda este humilde poeta.
Unió a la amargura de la pesada rueda
la dulce melodía del ruiseñor en la acequia;
y el agua cantarina y fresca,
a ella soñadora y vieja, la anima y sueña.
Le vendan sus ojos para que ni siquiera vea
¡pobre animal, pobre burra vieja!
mas sé que un aprendiz de poeta
de corazón noble y maduro, es quien se lamenta...
RAFAEL CHACÓN MARTEL
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