sábado, 6 de octubre de 2018

TENÍA LA MELENA ENMARAÑADA


Tenía la melena enmarañada
por ir en contra de los vientos,
nunca sonó un adiós, solo la vi
a lo lejos.

Esculpió su nombre en la roca que
corona el cerro al que camino en
busca de silencio.

Ahora me falta la voz.
Las luces son de neón.
Ahora que probé todo lo malo y terminé
contando los puntos de sutura de mi
corazón, sé que mienten los poetas
cuando escriben al amor.

No sabía lo que quería,
quería sentirlo todo, decía,
brindaba por la decencia y la promiscuidad,
extraña condición guerrera, beber a la salud
de santas y remeras.

Ahora me falta inspiración,
mi pluma es de cartón.
Ahora que cascotes y escombros son mis
sueños, sé que no es suficiente el empeño
para poder detener el tiempo cuando juega
a mi favor.

Francisco Piñero.

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