lunes, 8 de octubre de 2018
SUEÑO
Anoche te llevé en la mente hasta la cama y soñé contigo de forma por demás agradable y trascendente. Recuerdo en mi sueño que solos existíamos tú y yo en este mundo. Me desperté al sentir tus besos en mi rostro, y me regocijé de verte a mi lado, esbozando una linda sonrisa y una cariñosa mirada. Estiré mi cuerpo, al tiempo que exclamaba:
¡Hola mi amor! -¡Gracias por quedarte, y hacer que te sueñe… aún despierto!
Tú me dijiste: -¡Gracias a ti por traerme en tus sueños, yo también soñaba contigo, y aquí estoy para quererte…!
Sonreímos… largo tiempo nuestros cuerpos quedaron enlazado en un fuerte abrazo. Nos dimos mil y un besos. Hondos suspiros, nacidos de nuestros deseos, escapaban en una espiral que ascendía al cielo.
Nos miramos, reímos y lloramos por la dicha de estar juntos frente a frente.
Sí, solos tú y yo. Nuestras voces se quedaron momentáneamente mudas, y nuestros cuerpos descubrieron un lenguaje de sensaciones nuevas y crecientes.
Lo nuestro fue un rito de paso, dejamos morir nuestra vida anterior para renacer juntos en una vida nueva. Ahora, éramos el uno del otro.
Nuestros escarceos y caricias, por ratos tiernos y pasionales, nos transformaron en una sola alma y un solo cuerpo.
Nos levantamos de la cama, abrimos las ventanas y del otro lado asomaron el rumor de las olas del mar y los candentes rayos del sol.
Alucinados y desnudos, quemándonos los pies, corrimos a la playa…
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado
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