Qué bonitos están los cementerios
los días que dice el calendario,
se llaman; día de todos los santos,
día de la madre, día del padre.
El campo santo es un hermoso vergel,
un estallido de colores, un palacio
fragante de pétalos de flores.
Pocos son los ojos que atisban lo que
ocurre después;
la dulce fragancia se vuelve hedionda,
el pueril colorido en podredumbre,
y todo lo que lucía vida acaba tan
inerte, en tan poco tiempo,
que me parece una atrocidad arrancar
las flores de la tierra, para posarlas
sobre la piedra,
que cubren los restos de los que antaño
hubieron caminado y ya ni sienten,
ni padecen.
Llevarlos en la memoria cada día, sería
la manera más noble de honrarlos.
Francisco Piñero
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