LA GAITA
Corre el viento por el canuto de la pluma remera de un pato.
Atropella el silencio para ingresar al largo recinto del cardón.
Lo escoltan lluvias, veranos, sombras, quehaceres, picardías, querencias.
Allí, abre las cortinas con su mentón.
Proclama su confianza por las cosechas que despuntan.
Derrama la cantilena de la lluvia que desciende de los techos de palma.
Se arrincona para depurarse, antes de que la yema de dos o cinco dedos
lo confronte y saque coraje para soltar saludos, desvergüenzas,
risas, llantos y afectos.
Debe ser severo en su enjundia. Drástico en sus notas.
Para que la gaita no equivoque su camino.
EL TAMBOR
Entre ojos está agotar el contento y ensamblarse con el universo.
También hacer polo a tierra en busca de su simiente.
Hacer el viaje hasta las comisuras de los sesos.
Tras la viva esperanza que aliente un reencuentro.
Algo así como apretar en la mano el hilo de Ariadna.
El hilo esperanza que lo conduzca por la niebla hasta la ceniza.
Lo otro será el empeño del son de negros.
Donde la clave marcará la melodía y el llamador, el compás.
Para que se te cure toda dolama, para celebrar el solsticio y el equinoccio.
Para que podamos despilfarrar la alegría.
Para que soñemos lo que queremos soñar.
LA COPLA
Ahora la ciencia afina sus cinceles y el arte arma su casa.
Las palabras subvierten esos andamios, estremecen el silencio,
levitan en su fulgor.
Despiertas en ti. Atadas a tus desvarío.
En vigilia plena. Con todos los sentidos en su sinsentido.
Cosidas en alma y pensamiento.
Justificándose en su prodigio, para que liberen gracia y alegría.
Para ese momento en que nosotros seremos siempre nosotros.
LA SUMA
Suma la gaita, suma los pitos, suma el tambor a la palabra.
Para que no dejen de jugar, para que se matrimonien y… esperen.
Pronto llegarán los cobres y las maderas, por los caminos peligrosos del océano, por los matorrales y la oscura selva. Hasta arribar a donde los ríos son inmensos.
Benditos, uno a uno llegan para que se revele el mundo nuevo y el ingenio:
Del porro y la cumbia, De la guaracha y el son. Del mambo y el mapalé. Del calipso y la conga. Del son montuno y la salsa. Del reggae y el vallenato. Del bolero y la bachata.
Bajo este cielo inmenso convocarán como campanas.
Afinarán la seducción.
Y un trueno de voces, en el centro de una inmensa plaza,
preñada de encantamientos,
decretarán la jarana, el alborozo.
Junto a la pena y la añoranza .
Jaime Arturo Martínez Salgado
No hay comentarios:
Publicar un comentario