Hizo suyas, el cándido ruiseñor,
las penas de un joven embelesado
por una mujer vanidosa,
quien como prueba de amor
le pidió la más bella de las rosas.
¿Dónde encontraré esa rosa roja
que cautive el corazón de mi doncella?
¿Existirá un rosal que dé una flor tan bella?
Se preguntaba el galán lleno de congoja.
Contestó el ruiseñor:
No sufras mi buen amigo,
Volaré hasta hallarla
y pronto la tendrás contigo.
Cansado de tanto volar
sin encontrar lo que buscaba,
se detuvo a descansar
y mientras lo hacía, cantaba.
Un rosal de blancas rosas
de sus trinos se prendó
y su flor más hermosa
al ruiseñor ofreció.
Más linda no podía ser
pero su blanco inmaculado
no era el color deseado
por la caprichosa mujer.
Abrazado al rosal, sin notar sus espinas,
seguía cantando el ruiseñor
mientras gotas, de su sangre roja,
cubrían los pétalos de la rosa
y la cambiaban de color.
Así nació la rosa de la pasión,
para expresar sentimientos
que se llevan en el corazón,
unas veces alegrías y otras, lamentos.
Matías Ortega Carmona
No hay comentarios:
Publicar un comentario