sábado, 6 de octubre de 2018

DETENER EL TIEMPO


Llega la hora de la partida.
Una vez más la misma pregunta
¿por qué el tiempo no se detendrá?
Ya no recuerdo cuando nuestro
reloj nos procuró la hora o se la
robamos con nuestro afán de tenernos
piel con piel, sin nada que nos
impida amar con tanta intensidad.
Nuestro árbol con hojas desprendidas.
El árbol, del que se despegan
sus hojas, jamás se caen al azar,
sólo se dejan por tus manos y las mías,
suaves y dóciles acariciar.
Jamás vivirá ese camino
un amor tan puro como el que
con cada suspiro el viento nos da,
con frescura y avidez descarada
para en el próximo sueño, retoñar.
Y, si en rosal se convierte y
con nuestros labios de hiedra
lo queremos suavemente acariciar,
aunque sus espinas hieran…
jamás nos habrá de enojar.
Te echo de menos apenas te vas.
Evoco los momentos y noto
tu tembloroso y rápido inspirar.
Mi piel y mi pelo en tus manos,
son olas de espuma que… vienen y van.

Juana Campos Cortés

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