Me encontraba perdido,
me había escondido,
dentro de un castillo
lleno de pasillos,
con una gran dimensión,
donde practicar la diversión.
Mi cuerpo empezó a temblar,
quería que alguien me encontrase,
pues ese lugar
cada vez más lúgubre,
podía aterrar, a quien allí se hallase.
Le eché un poco de imaginación
y fui corriendo al gran salón
donde la luz del día mandaba,
y a mí me custodiaba.
Pero eran las últimas horas del día,
se me acababa la alegría,
todo en mí era terror y decepción,
por haberme hecho una ilusión.
No se donde me escondería,
tampoco lo que cenaría,
había ausencia de personal,
que daba al castillo,
un toque espectral.
Cogí una manta y me cubrí
mientras rezaba “¿Qué será de mí?”
nadie se dio cuenta de mi ausencia,
alguien, que con sus actos,
creaba turbulencias.
Mi teléfono, muerto,
ninguna llamada del puerto,
donde tenía que haber ido a trabajar,
para un salario, poder ganar.
Tampoco daba timbre de llamada,
una situación, un tanto complicada,
que cuando quería llamar al exterior,
noté una sonrisa en el interior,
una sonrisa que algo malo presagiaba,
y que a mi alma no le gustaba.
Es un castillo de la edad media,
que quien entra en él,
un espíritu, asedia.
JAUME ALEGRE LASTERRA -Barcelona-
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