Suspírame
desde la faz del alma
y desde los anversos de la piel sintiendo.
E ilumíname
con esos labios celestinos cuales furiosos
surcan mis eternidades.
Por ti
he de vivir
y he de deambular
con los ojos
turistas.
Porque inspiras
ante el albor de la lindura
y sobre la diéresis de todos mis tiempos.
Pues…
Murmúllame,
y hazme sentir la voz de tu conciencia.
E invítame,
a que me envuelva
en los retazos de las penumbras sonrientes.
Que en ti,
saben a brisas apacibles
y lúdicas.
Fabián Irusta -Argentina-
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