viernes, 14 de octubre de 2016

OFICINA DE CENSOS I


Las puertas se deslizaron y McKendra apareció eufórico, agitando un dispositivo en su mano izquierda.
Edwards, frente a su escritorio, elevó su rostro guardándose el saludo.
— ¿Qué sucede? — preguntó, mientras el recién llegado entregaba la pequeña unidad digital.
—¡Rejilla AZQ—0390!
Edwards revisó el módulo deslizando sus dedos sobre la pequeña pantalla. Luego proyectó los
datos en una imagen tridimensional, a mayor escala.
—Es el tercer aumento en el sector, en lo que va corrido del año — comentó Edwards con pesar
observando a McKendra que esperaba dictamen—. Es menor que el anterior… Podríamos pasarlo por
alto…
— ¡No me quiero arriesgar a una sanción, justo ahora que postulo a un ascenso!
—Se trata de un cuarto de millón de…
—Las cifras no llevan nombres, Edwards…
El aludido guardó silencio.
—Entonces —dijo al rato—… Oprimo el botón y listo: ¡solucionamos el problema!
— ¡Nos pagan por eso! Además, la economía se reactiva en el área de la construcción, se generan nuevos empleos absorbiendo mano de obra barata.
—Está bien —anunció sin convicción, estampando su firma sobre el dispositivo. McKendra lo tomó y salió ufano.
Edwards fijó su vista en la pantalla que dominaba su frente. Al cabo de unos segundos ésta mostró una alerta.
Entonces, pudo apreciar el desarrollo de las noticias informando de una nueva explosión. Los titulares arrojaban un total de 263.794 fallecidos y una serie de gráficas indicaban que la población mundial volvía al equilibrio proyectado. El sector oeste de Salt Lake había dejado de existir. Con éste, sus padres y todos sus recuerdos de infancia. Con el dorso de sus manos secó el par de lágrimas que resbalaron por sus mejillas. Respiró hondo y volvió a sus pendientes. Era un día más en la Oficina de Censos.

Jaime Magnan Alabarce (Chile)
Publicado en la revista digital Minatura 151

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