sábado, 15 de octubre de 2016

EL FINAL DE LA ASFIXIA


Los avances médicos y la desmedida sed capitalista, llevaron a la humanidad mecanizada al más
dantesco de los escenarios sociales. El consumismo como un agente invisible que escapaba a la mente más docta de los expertos, arrastraba aquella gran masa humana hacía el precipicio de una muerte lenta y reveladora. La civilización se veía estancada en un planeta sin recursos y una longeva
población, que demandaba alimentación y energía. La ciudad del Norte, New Babylon, fue la primera
sobre la que estalló el caos como una maldición divina.
 — ¡Esto se nos fue de las manos! El mismo sistema económico que propiciamos todo este tiempo, fue el culpable de semejante caos — murmuró Erick a través de su trasmisor neuronal a los miembros del Consejo de Estado, mientras se abría paso a pie entre una espesa multitud que se extendía hacía todas direcciones —. La ciudad está al borde del colapso.
El saqueo de tiendas y supermarkets que se llevaba a cabo desde hacía varios días empeoró con las horas. Los cyborgs por doquier tratando de someter a la multitud eran aplastados por la irracional estampida.
 —Este fue el precio que pagamos por abolir los conflictos del mundo apostando por una conciencia global a favor de una economía de masas — reflexionó Sarah ante el Consejo, con un rostro decepcionado sobre su bata blanca y sosteniendo en sus manos un peculiar dispositivo con un botón.
Erick ya se encontraba entre ellos —.
Es dolorosa para mí esta parte, pero tenían razón los antiguos activistas medioambientalistas sobre el
apocalipsis que provocaríamos sobre el planeta, por suerte algunos de ellos trabajaron sobre el chip de identidad, insertando un virus mortal para un caso parecido. Sacrificaremos siete millones de habitantes por el bien de nuestra ciudad… y que Dios nos perdone.

Morgan Vicconius Zariah —seud.— (República Dominicana)
Publicado en la revista digital Minatura 151

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