martes, 18 de octubre de 2016
DESTINO FINAL
Nueva York, otra de las metrópolis superpobladas que sucumbieron a la contaminación ambiental, los cambios climáticos y los desechos industriales.
Aun así, en condiciones resguardadas y con una buena dosis de nostalgia, el Presidente de la ONU convocó a los líderes políticos para resolver un problema de extrema urgencia que amenazaba el orden mundial.
Multitudes de personas --erradicadas de sus hogares por las guerras que la misma ONU inventó para reducir el aumento de la población-- avanzaban en dirección norte buscando climas templados, refugio y sustento. A su paso encontraban más hambre, devastación y hostilidad. La gente que los veía pasar reportaba a las autoridades que iban acompañados de sus niños-mutantes, seres extraños sin distinción de edad ni sexo, todos con el mismo semblante desprovisto de expresión, marchando sincopados en una suerte de autismo colectivo.
Los peregrinos cada día eran más. La gravedad del éxodo justificó la reunión extraordinaria. “Tenemos una solución”, anunció el Secretario entregándole al Presidente el “Informe y Plan de Acción” preparado por un equipo de científicos. El Presidente leyó: «Para brindar refugios temporarios a los exiliados, la humanidad debería considerar el interior de la Tierra, sus grandes espacios y cavernas, que son más que suficientes en lugar de mirar hacia afuera, a las estaciones
espaciales o a nuestros aliados exoplanetarios”.
El Secretario agregó que él ya había explorado esa posibilidad cuando contactó a los habitantes nohumanos del vientre del planeta. Los draconianos se mostraron muy dispuestos a recibir el descomunal flujo de humanos, aseguró.
Preocupado, el Presidente preguntó: ¿Y cómo sincronizamos la expatriación de estas multitudes? Muy simple. Una comunicación ultrasónica sólo audible a los niños mutantes los movilizará en la dirección correcta, hacia las profundidades. ¿Y los padres? Irán tras ellos. ¿Regresarán?
No, definitivamente no. La votación fue unánime y por aclamación.
Violeta Balián (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 151
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