miércoles, 14 de marzo de 2018

PORQUE TE ETERNIZO EN MI PIEL Y EN MI CORAZÓN, MUJER GRANIZADA Y SUBLIME.


En tus brazos me quiebro como un niño mimado, y haces de mí un rinconcito con perlas y peligros, diezmado ante tus ojos enormes como playas ausentes de silencio.

Me recuesto en tu pecho a borbotones, y bebo de tus labios el océano y la lágrima dorada de los dioses. Pensar en tu mirada me agiganta, y me adentro en tus ojos con violetas y guirnaldas, con gaviotas y estrellas y esmeraldas.

Soy un poseso de tu cuerpo como un relato abotonado de risas y de dramas, un boceto atrincherado en la planta de tus pies, casi tatuado con la voracidad de los días entreabiertos, pálidos o amoratados, vestidos de nácar o de azul o de los amores más inciertos, turbios y certeros.

Te pienso para mi piel, y refrescar así la memoria rugosa de mis afectos. Empatanarme de ti como desde un cielo abismado no es nada comparado con tu música de gemidos y sobresaltos. Pienso que de todos modos te eternizo en mi corazón, como el latido más rutilante y perfecto.

Germán Rodríguez Aquino

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