Arrastro los ojos por esta carta
plena de inútiles palabras
que no describen este sentimiento...
¿si te quiero?... ¿si no te quiero?...
ahora me duele tu falta
tanto como dolían nuestros encuentros.
Mi alma ya no se desangra
y este deseo se escapa
tornado en cruel resentimiento...
¿si tú no sientes lo que yo siento?
no me importa, pero callas
por ese amor que yo no entiendo.
Dejo una hoja arrugada,
una fantasía olvidada,
dejo una pluma en el tintero
lleno... de tantos sueños,
... de tantas esperanzas...
de tantos desencuentros...
Y me voy, solo, a la cama
con una sonrisa, causada
por la sombra de un recuerdo
y pienso... si aún sientes los celos
con los que siempre me acusabas
combinados con tus ansias
de inventar nuevos besos
allí donde no alcanzas
sin rendirte en tus intentos.
Luis Maria Saiz Laso
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