Ella siente morir en cada aliento,
mientras él la monta sin resuello,
no tiene opción y gira el cuello,
entre el asco y el sufrimiento,
sucio, sudoroso, ruin y cobarde
no atiende a una única verdad,
la bestia que aloja su alma infernal,
es un animal egoísta y miserable,
derechos de una pernada atroz,
anclado en tiempos remotos,
de doncellas y corazones rotos,
y testosteronas con altavoz;
Ella retiene una lágrima para sí,
la requiere para su soledad,
tras la angustia del cenegar,
en el que sólo fue maniquí,
obligada en la institución,
del matrimonio patriarcal,
por una tradición demencial,
asume su rol con resignación,
tras un esmerado aseo,
recostada en la cama,
mira al techo y a la nada,
piensa que es un trofeo;
Ella detesta esa prisión,
sus entrañas gritan libertad,
sus deseos sueñan con un mar
y un velero rumbo al sol,
son cuarenta y cinco primaveras,
sin ver a un rosal crecer,
ni un amor que le erice la piel,
sin besos bajo las palmeras,
desea mirar de igual a igual,
besar con la pasión que sueña,
desear ser amada y dueña
de sus propios deseos al amar;
Ella, ha decidido partir,
sin mirar atrás y volar
hacia un mundo donde existir.
Angel L. Alonso
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