lunes, 12 de marzo de 2018

A LA QUE LLAMAREMOS ¡LIBERTAD!


Llámemosle nieve o novia blanca cuando la veamos
atónitos desde una de las ventanas de un tren
antiguo y muy viejo: detengan ese chaca, chaca
de esa cansada maquina: y que en la montaña
arda un viejo coyote que no ama...

Que todas las esquinas y las luces escuálidas
de la niebla se despejen para dejar libre
el paso al taxis de mi amada que viene a recogerme
a la estación solitaria de la montaña,
ésas que sólo guardan un tren escarnecido.

Pensemos sólo que ese simpático tren
que viaja buscando a la novia, la nieve o, la gloria,
abordémoslo ahora que podemos y perdámonos en el humo,
apoyemos los labios en el cristal helado y besémonos. 

Igual que a una pasajera atada a los rieles en un túnel,
con la misma pasión, llámemosle pasajera o nieve
y recojámosla que la llamaremos: -libertad-,
abriguémosla y démosle guacamoles en su boca roja.

Contémosle la verdad de nuestra historia,
de nuestro amor puro y blanco;
creamos a pie-juntillo que nuestra historia
es pura y cierta y bajémonos en la próxima estación
donde el tren se detiene un momento a respirar...

RAFAEL CHACÓN MARTEL

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