Tú eres luz para mí.
Secaste mis lágrimas
con tus manos de seda,
pusiste una sonrisa
donde había tristeza,
trajiste el sol
a mis mañanas nubladas,
me hiciste girar la mirada
y ver que otros ojos
me podían enternecer.
Me trajiste magia;
tal vez renaciendo
desde tu dolor...
e hiciste que te admire
porque tu fuerza me enseña
que aunque uno esté
destrozado en mil pedazos,
debe ponerse de pie y seguir.
Gracias por haber salido
desde un rayito de sol
una mañana inesperada
y haberme traído tu dulzura
y tu especial amor
que está más allá
de lo físico y de las letras,
que pinta mi corazón
de colores luminosos y nuevos,
que me dan calor a lo lejos
y que son el aire
para seguir respirando
una vez más cada mañana.
Diosma Patricia Davis -Argentina-
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