Juntos fuimos hasta el invernadero,
lo preferimos de entre una multitud,
(con pasión e ilusión)
lo alojamos en el medio del vergel.
Fueron tantos los buenos momentos
(tan repletos de matiz),
que sería imposible
otorgarles una jerarquía.
Mas siempre se destacan
las tardes, interminables,
en que nos mecíamos en él
(mientras me enlazaba a tu sonrisa).
Después de tu partida,
los días se tornaron en un sólido gris
y en mi faz se alojó un mohín.
Una pálida mañana,
di tres pasos para alcanzar su sombra,
y me columpié por última vez…
ERIC URÍAS -México-
No hay comentarios:
Publicar un comentario