jueves, 5 de mayo de 2016

MAIZAL


La sombra involuntaria
de la noche
se derrama sin querer
sobre los maizales ahogándose
en matices grises de otoño.
Mientras a la vera opuesta
de oro puro
las granzas de trigo adquieren
en sus adentros la blancura
insospechada y finura del pan nuestro.
Ausente las lluvias, dejan sentir
su ausencia
como si fuera una vacía bocanada
cuando el fuego ardiente de la soledad
te apalea insistente con intensidad.
Mientras de un zarpazo violento
furibundo
los dedos se detienen locos
sobre el pañuelo blanco con el cual
enjugaste la última y sola una lágrima.
Qué importa ahora el maizal
marchito;
el trigo pulverizado, la lluvia llorando,
todo, todo en avalancha, arrasado,
cuando lento retorna la noche del olvido.

Orlando Ordóñez Santos

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