Se inicia una historia
por primera vez contada;
fue en un pasado de esos olvidados
cuando en otra espalda mis brazos dependían
fatigados en ella viviendo solo los días
entre cartas y poemas
y tú.... no existías.
Fueron muchos versos escritos
a la nada y lo incierto
y aparecieron de pronto
entre ires y venires de letras
otros versos, complementando los propios
en cada poema que escribía
cada día… cada día...
Y me acercaron a ti como las olas a las playas
poco a poco, sin darme cuenta
verdearon los sentires
huellas en caminos de infinitos senderos.
Y ese fue el comienzo.
No dependía ya, de espalda alguna
era libre como el viento
tu cantar me sonreía tras ramajes
como riscos de amores, divino paisaje,
en el paso de los días, rostro bello, alma de bondad,
pronto, pronto adentrose en mí.
Esos ojos que atravesaron mi alma
esas manos de seda refinadas
hacían de mis noches los más eternos y bellos desvelos
se levantaba como una rosa de su húmedo sueño
zozobrando yo, en su pecho, bajo su propia marea.
Y todo fue tan rápido,
los versos saltaron como ágiles gacelas
vaciándolos en su apacible océano
y en tierra bañando el aire en diluvios de verdes hojas.
Es ella, la mujer de los sueños e ilusiones
centella del poema que de los balcones se desbordan
del amor mío por tu sed poseso
dócil como tal vez un hada
que dejas en mi vida la áurea estela
de espiritual efluvio de rosas,
calma mi avidez con secreto abrigo
que en raudo paso te besan a distancia
mis ojos de hombre que a tu mirada declina.
Jorge Mariano Camacho Sarmiento -Colombia-
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