Las horas
componen su canto
en el agrietado
otoño de urgencias
que se confían
a la holgada calma
de tus brazos
explayados.
Tu amor y el mío
no alcanzan a descifrar
la alegría del alma,
pero aproximan sus bocas
para comunicarla,
como el néctar a las abejas,
tu sangre y la mía
impulsan la luz
que se estira
hacia lo profundo
de la noche,
ALBERTO PÉREZ
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