lunes, 7 de octubre de 2013

LA SALIDA DE ÍTACA

Te digo, Telémaco,
que aprendí entonces
que no nacen mares donde se siembra la sal.
Aré la playa
todo el tiempo que la necedad de aquellos,
por los que te dejo esperando,
cegó sus voluntades.
Pero, no pude.
No pude exterminar tu infancia
transformada en océano calmo
que se bate en retirada
desde tus pupilas tiernas.
Recordé mis minúsculos pasos
cuando ser re no era más
que un fluir extinto de los sueños
y me descubrí salvando tu niñez,
anteponiéndola a este reino
que me ha de ver partir.
Preferí la inocencia,
la que ya no volverá,
pero existió en mí como ahora en tus latidos,
a un trono que me pedía tu sangre.
No he de culpar a quien morirá
en la venganza que me procuraré.
El cadáver de Palamedes
me mostrará el camino de vuelta.
Me adentraré en el océano que nos mira,
rasgaré las mareas y los vientos
y, un día,
sin que tus años, que caerán
ajados por los fríos,
se den cuenta,
regresaré a tu lado
y acunaré tu vejez.

Carmen Moreno -Cádiz-España//Madrid-
Publicado en la Biblioteca

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