todas las mañanas
me corto diligente la cabeza.
Yo me asesino el tonto, señores,
señoras (no se arroben)
me corto la mollera;
con un triple mortal
la tiro a la basura,
y automáticamente:
se me vienen los mejores recuerdos.
Lástima, pienso con el filo del cuchillo
(que es lo único inteligente que me queda)
ya no podré llevarle flores a mi padre
cuando muera.
Manuel Marcos -Córdoba, Andalucía-
Publicado en la revista Periódico de Poesía
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