Cuando sopla el viento, y hoy sopla,
me golpean la cabeza un sin fin de duendes
que hablan y hablan sin parar
enloqueciéndome, asustándome
llenándome de aires
que no puedo controlar.
Cuando sopla el viento, y hoy sopla,
se me cierran los ojos
y no alcanzo a ver ni tu soledad
ni la mía que no están dentro del viento
sino entre las células internas
de tu cabeza y la mía.
Cuando sopla el viento, y hoy sopla,
me pierdo entre las calles,
para no ver tu cuerpo machacado
por el tiempo que se me ha ido
escapando entre los dedos,
poco a poco, cada día.
Cuando sopla el viento, y hoy sopla,
crujen puertas y ventanas
y parece que los árboles
van a caer sobre el asfalto
abriendo un enorme agujero
en el que desaparecerá el viento.
Del libro inédito El beso de la muerte de
JOSÉ LUIS RUBIO
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