miércoles, 21 de diciembre de 2016

EL PRISIONERO


Necesito la extensión y longitud de una voz,
un saludo.
Los peces no sólo nadan en el agua
y la extensión de los océanos no es suficiente.
Ellos también nadan en el brillo del cielo,
en el brillo de las estrellas, la luna y el sol.
Yo llamé al sol
y sobre los muros que me encerraban
pinté el cielo,
pero los barrotes rompen mi extensión
y mi voz se apaga
en el ruidoso silencio de los muros prohibidos.
Entre nosotros hay muros prohibidos,
muros cautivos de silencio,
y los barrotes sin razón rompen mi campo abierto.
Si un día llegas y yo no estoy,
arranca los barrotes de mi tumba
y tráeme un campo abierto
en el tamaño de un saludo.

Edward Haghverdian  -Armenia - (Traducción de Mohsen Emadi, Vahe Armen y Arturo Loera)
Publicado en Periódico de poesía 92

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