sábado, 7 de mayo de 2016

ESTE DOLOR QUE SIENTO


Aquel anhelo que tú saciaste
simbolizado a fuerza de promesas,
hoy borra un sueño que paraliza
el verde renacer de mis venas,
era un espejismo dentro de una ciénaga
frente al saqueo hidratante de tu aroma.
Alegre corrí por el bulevar,
alta mar me señalaba la otra orilla,
distraídos en combatir la bruma
no sincronizamos nuestros relojes,
no admito ni quiero admitirlo
que la puerta que tu me abriste
en aquel momento aún con riesgo
fue bellísima melodía aleatoria
pero prima hermana de la locura.
Fluyó en un sendero aún sin ver
la otra orilla que latía
y mutilaba tu amor. Era el otro.
Ni mi hoguera ni mi temblor
en tus regios pechos gravarán
con sal de marismas mis fauces.
Mi tristeza y mi buen trato
con el vértigo masturbado en el infierno
no te salpicará en mi defensa,
mi muerte oblicua cuaja en un refugio
con un sol de azufre que no deja besarte.
¡Desteñida, arrástrame lejos!
Ya los acordes del poniente
en su papel de crepúsculo
han roto sus eternas singladuras,
estoy estéril ante tu tiro libre.
Las victorias sensitivas
de mi antagonista
te las cedo para tu paraíso.
¡Pero escucha!,
en mi mundo no hay
lágrimas en tus ojos,
entonces eréctil mi hipertensión
de fuego y hierro
no tienen que agasajarte,
ni enjabonarte con besos,
¿Me entiendes, amigo?
Tu arrogancia deja
que una flor soñadora y agotada,
como si fuera a respirar,
se ahogue sobre la mar.

Como se refuerza el amor con el tiempo de Manuel Vílchez García de Garss.

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