Si Leopoldo María Panero dice que solo sabe llorar "por la Contessa de Dia",
es porque erecto el labio sobre la página,
no surcó nunca los pasillos
de un Carrefour, un Ldl o un Aldi,
en pos de las botellas de güiski que marcan la tradición.
Ni apuró la lentitud de las cajas rápidas de los supermercados tan insípidos como algunas vidas,
Ni esperó a leer un best seller sobre sexo y sombras entre las locas carreras de los carritos en flor.
Ni vio al superhombre en pijama rosa buscando lo barato a la altura de los ojos.
He aquí en estado puro, Leopoldo María Panero, el último superviviente de la sangre de su sangre.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
DE FACEBOOK - 6920 -MADRES CORAJE
Hace 5 horas
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